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Escritura Creativa. " Aquellas viejas cartas..."


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"El género epistolar, cuyo forma de expresión tradicional es el texto que comúnmente conocemos como carta, es uno de los más libres que existe dado que abarca una gran cantidad de temas y propósitos, expuestos de manera diversa, siempre y cuando cuente con un destinatario a quien va dirigida la carta y sus respectivos encabezamiento, saludo y despedida. En el cuerpo de la carta pueden aparecer recomendaciones, comentarios, solicitudes, diálogos, narraciones, poemas, notificaciones, argumentaciones de todo tipo hasta saludos y despedidas. En relación con sus objetivos y el ámbito de interés. una carta puede ser privada, pública, oficial, abierta, doctrinal, científica, poética o amorosa. Evidentemente, su clasificación depende del grado de universalidad del mensaje que contenga, de la cantidad de personas a la que la carta puede alcanzar con sus significados.
-Jesús Nieves Montero-

Por qué entonces no llamarlo “ El gran género entre todos lo géneros” , nunca fui  amante de los límites y si de géneros hablamos el epistolar se lleva todos los premios… ¿ Acaso Cortázar no lo convirtió en ficción y más aún lo elevó a la categoría de fantástico, y podría  seguir con  “ Cartas a una Señorita en París” o “La salud de los enfermos” pero no quiero que descubran mi maniática adicción por este hombre… Hablamos de cartas y se me ocurre que en ese instante único,  cuando  cerramos el sobre, cuando apretamos “enviar”, cuando dejamos que las palabras se liberen y vuelen libres, justamente en ese instante nace la creación.
No me voy a detener en esas charlas literarias entre maestros que tanto nos dejaron, tampoco en la carta anónima que alguna vez llegó sin saber por qué… La realidad se convierte en ficción con el sonido silencioso de la lengua cerrando, esperando, ansiando ser… La ficción de pronto y sin quere,  se convierte en ese mensaje cotidiano al que le crecen las alas.
Todos sin excepción escribimos cartas y de eso se trata esto… De dejarlas ser lo que son: Remilgadas, embravecidas, insípidas, escondedoras… Cartas que aunque pasen los años y se acorten las palabras siguen siendo ese documento maravilloso de cada instante. Lleguen en una botella, después de mucho tiempo de atravesar el mar o en un segundo cualquiera, ese que también atraviesa lo mejor y lo peor de nosotros mismos.
Hoy los convoco a escribir cartas.