El escribiente


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Al principio, escribía las paredes. Escribía sobre el piso, sobre los viejos muebles, sobre las alfombras persas, los vidrios helados, las piedras,  las arcadas, la tierra húmeda, el viejo tronco de un árbol, la arena salpicada, las estelas de plata, el humo de un cigarrillo, el aire, las sombras y hasta en algún reflejo inusitado. Escribía su búsqueda y anhelaba el encuentro de las letras tatuadas. Escribía añorando el lugar elegido donde plasmar su obra.
Y así fue como un día de plumas inseguras, sobre la piel de aquella estrelló su mirada.
Se volcó su tinta,  desbordaron sus manos, aceleró su pulso, el contorno delineado… Intentó dibujarlas, trato de borronearlas, las inventó de nuevo en el ritual de sus dedos. Las letras, esas viejas amantes perseguidas, encendieron el vuelo del aroma dormido.
Y escribió sobre ella el color del latido, la búsqueda incesante, el calor encendido,
las huellas de sus pasos,
los sonidos secretos ,
los trazos de sus gestos,
el silencio divino.
Escribió en mil idiomas la marca del origen, el camino del tiempo, las voces que lo afligen.
Los colores perdidos,
la amalgama imperfecta,
los dolores del alma,
los vaivenes humanos,
la razón de su gesta…

2 Responses to “El escribiente”

  1. escribiò todo lo que pudo y vos escribiste algo maravilloso.

    que lindo lugar para encontrarse con hermosas letras.

    un beso enorme bibi

  2. Escribir te lleva a encontrarte con aquello que nunca sospechaste buscar.

    Saludos.

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